Cada mes hay unos días que me
hacen la vida imposible…
Es como entrar en un laberinto de
emociones y sensaciones donde nunca se que espera a la vuelta de la esquina. Me
siento como una adolescente, las hormonas a millón y al mismo tiempo una
sensibilidad que puede hacerme la mas desdichada de todas o quizás la más
feliz... Pero el caso es que no importa cómo me sienta, la mayoría de las veces
soy incapaz de sonreír…
Me siento presa en un cuerpo que
con sus complicados procesos me gobierna y comprendo que me gusta ser sumisa…
pero de mi Dueño... no de mis hormonas…
Este mes ha sido especialmente difícil,
porque a los días de sensibilidad se une la circunstancia… El 14 de septiembre mi
sobrina cumplió 5 años y ayer mi madre también celebró un año más de vida y
estar lejos de ellos es algo que estoy aprendiendo a llevar… Aunque a veces me
cueste un montón.
Esos días me quedo callada, retraída…
dejando que mis facetas peleen entre ellas, tratando de no darles mucha
importancia… y es que no quiero que El se preocupe o hacer una tormenta en un
vaso de agua por alguna reacción exagerada… Me conozco…
Uffff que es difícil….
Pero cuando finalmente pasan los días
del mal humor, de la sensibilidad, de la rebeldía… me siento la más afortunada
de todas…
Mi Dueño es el hombre más
paciente, me escucha mis tonterías, me abraza sin parar, me consiente, me
mantiene sujeta de su mano aunque mi cuerpo luche por escapar… El sabe que son
solo unos días y me ayuda a llevarlos de la mejor manera. Me demuestra que está
allí y que no hay motivos para temer… El ilumina mis noches y aleja los miedos…
Y darle mi vida entera es poco
para hacerle sentir lo feliz que soy y lo afortunada que me siento… Me siento
orgullosa de pertenecerle, de acompañarlo, de poder despertar a su lado y
abrazarlo para dormir… De saber que cada día avanzamos más en la construcción de
ese mundo que tanto soñamos y que creíamos que era imposible… y es que juntos…
el cielo es el límite…





